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La técnica de Dirección de
Orquesta, desde hace unos años, es objeto de innumerables discusiones.
Al respecto existen diversas escuelas, algunas dedican la mayor parte de
sus energías al estudio y a la interpretación de las partituras,
elementos imprescindibles y fundamentales de este arte, dejando de lado
el aspecto técnico. Estas escuelas, en efecto, no le dan la justa
importancia a la hipótesis que el estudiante pueda, a través del uso
correcto de los brazos, interactuar con la orquesta y llegan a sostener
que la componente técnica no es determinante ni tiene una particular
influencia en la ejecución; es más, sostienen que el mismo alumno, con
la práctica y la experiencia, debe desarrollar una técnica personal.
Otras escuelas niegan la existencia de una técnica y reducen la
habilidad artística del director casi exclusivamente a su carisma
personal, a la empatía que puede alcanzar con la orquesta o a la
profesionalidad de los miembros de la orquesta. Esta diversidad de
puntos de vista se explica por la existencia de las llamadas "escuelas
nacionales".
En realidad es necesario dedicar una particular atención y cuidado a la
técnica.
Pero, al final de cuentas ¿qué es la técnica?
Observando la técnica de los instrumentos musicales nos damos cuenta que
ésta consiste en aprender a ejecutar con precisión una serie de
movimientos a cada uno de los cuales corresponde una determinada
reacción sonora. Una vez que el músico la ha aprendido la utiliza en el
modo justo para manifestar, a través del instrumento, su expresión
musical. Durante la ejecución él no piensa enn el componente técnico,
así como nosotros, cuando hablamos, no pensamos en los movimientos que
deben cumplir la lengua, los labios, la boca.
Del mismo modo, el director emplea determinados gestos, pero éstos
pueden ser ejecutados de diversas maneras y a cada una de ellas
corresponde una reacción diferente de la orquesta, y esta circunstancia
tiene una gran importancia. Actualmente, un estudiante que comienza a
estudiar dirección orquestal debe enfrentarse a una materia bastante
indefinida y de contornos pocos claros y muchas veces no entiende muy
bien que modelos debe seguir.
Muchas veces, estos estudiantes, al no tener conocimiento de la técnica,
toman como modelo famosos directores de orquesta y tratan de imitar sus
gestos y, lamentablemente, también sus defectos y errores.
En realidad nos encontramos frente a una forma de lenguaje universal que
merece una atención particular y la genialidad de Ilya Musin consiste en
haber codificado las reglas que rigen dicho lenguaje. (Será interesante,
para algunos, saber que las raíces del pensamiento de Musin son de
origen alemán; en efecto, son el resultado de la aguda observación de
los grandes directores de la Escuela Alemana que iban a dirigir a la
Unión Soviética hasta 1936.)
El primero y más importante objetivo del curso se concreta en la
definición, desarrollo y perfeccionamiento de la técnica directiva a
través de una profunda y detallada ejercitación con un taller de piano
y, en un segundo momento, con la orquesta. El curso propone demostrar
cómo una correcta gesticulación logra optimizar la ejecución orquestal.
La "técnica de Dirección de Orquesta" como todas las formas de arte,
tiene reglas que deben estudiarse, asimilarse y aplicarse para alcanzar
la máxima fusión entre sensaciones internas y claridad exterior, para
elevar a las cimas más elevadas la ejecución y, en tal modo, cautivar,
emocionar y saciar no solamente el auditorio sino, también, los músicos.
El gesto del director es el elemento determinante de supervisión y
comando que guía aquéllos para lograr que el sonido de tantos
instrumentos sea el sonido de uno sólo: la orquesta.
Los jóvenes estudiantes deben reflexionar profundamente sobre la
importancia de los brazos del director, ya que constituyen el único
vehículo de comunicación con la orquesta durante la ejecución; por lo
tanto, es esencial tomar conciencia de este medio para desarrollar al
máximo las posibilidades que ofrece. Es necesario que comprendan cómo el
gesto es interpretado por los músicos y cómo interactúa con ellos e
influye aún sobre la calidad del sonido, cómo puede ser para ellos un
guía útil durante la ejecución y cómo el director puede alcanzar las
propias necesidades expresivas. En síntesis, el director debe saber qué
reacción sonora obtendrá de la orquesta como consecuencia de sus propios
gestos; esto es esencial para tratar de influir la conciencia de quien
toca un instrumento y así conseguir un mayor control del conjunto
orquestal dando, al mismo tiempo, a cada músico la sensación de tocar
cómodamente y con máxima libertad.
Ennio Nicotra |